Telefónica ha destruido 20.000 empleos de calidad en la última década

Queremos trasladar a la opinión pública, una vez más, que el sector de las telecomunicaciones es fuente de tanta precariedad laboral como beneficio empresarial produce. Para ello CGT estará presente en el evento de referencia mundial en la industria de las telecomunicaciones, donde fabricantes de dispositivos, proveedoras de servicios y distribuidoras de contenidos se darán cita con gurús del mercado y la palabra, junto a legiones de periodistas de todo el globo, en la Fira Gran Via (Av. Joan Carles I, 64) de L’Hospitalet de Llobregat (Barcelona) en la última semana de febrero.

La Confederación General del Trabajo convoca una concentración en Barcelona a las 11h del día 27 de febrero, fecha de clausura del Mobile World Congress 2014

CGT reivindica empleo de calidad y el fin de la continua pérdida de derechos y reducción de condiciones y salarios a la que son sometidas las trabajadoras y trabajadores de este productivo sector, privilegiado por el mercado dada la absoluta necesidad de su actividad y, por tanto, uno de los pocos con capacidad para hacerlo.

Telefónica, transnacional española de peso mundial por tamaño y capitalización bursátil, que presume de sus políticas sociales, es responsable en gran medida del decadente presente y negro futuro de las condiciones laborales de muchas de las personas que trabajan en el sector teleko. Y ello por múltiples motivos:

  • A pesar de los multimillonarios beneficios que obtiene de la sociedad, ha destruido más de 20.000 empleos de calidad en la última década, creando otros con sueldos miserables y condiciones de explotación en todas las áreas del sector (telemarketing, informática, empresas instaladoras que trabajan en casa del cliente, en fachadas, en centrales telefónicas…)
  • Tiene un entramado de subcontratación para las actividades ‘outsorcing’  (externalizadas, no realizadas por personal propio) mediante el que se difumina la capacidad real de formación de los trabajadores y trabajadoras de estas empresas, especialmente en materia de seguridad y salud laboral.
  • Los cada vez más apurados contratos con las empresas colaboradoras degradan las condiciones laborales, obligando a sus plantillas y autónomos a larguísimas jornadas para acercarse a un sueldo digno. Las condiciones leoninas fomentan la siniestralidad.
  • Con sus políticas laborales y de compra-venta de unidades de negocio en los últimos años, miles de empleos del sector de telemarketing han desaparecido, se han abaratado o modificado a la baja, haciendo aún más débil e inestable el entorno laboral de una de las especialidades del sector que siempre fue paradigma de precariedad.
  • Los salarios desproporcionados y los escandalosos paquetes de acciones para la dirección de la empresa esconden el deterioro progresivo de las condiciones laborales de sus trabajadoras y trabajadores.
  • Las contrataciones estrella de Urdangarines, Ratos, Zaplanas, etc. se realizan simultáneamente a una política represiva por la que se despide a personas por el simple hecho de estar enfermas o por su legítima actividad sindical.

A pesar de nuestros continuos esfuerzos para adaptarnos a las necesidades del negocio, de mejora de la productividad y de contención salarial, Telefónica considera insuficientes los sacrificios realizados y está ejecutando un ataque sin precedentes a la plantilla de Telefónica en España, el espacio geográfico más dañado por la crisis de todos en los que opera el Grupo, imponiendo:

  • La suspensión de la aportación empresarial al Plan de Pensiones de Empleados  durante 18 meses (y reducción económica de la prestación de Seguro Colectivo de Supervivencia para quien no se adhirió a este plan) y una rebaja sustancial de los Fondos Sociales.
  • Un acuerdo sobre disponibilidades que, con la falsa excusa de la conciliación, sustituye el actual sistema de turnos por una disposición completa de la empresa de la vida privada de sus trabajadoras y trabajadores con las que camufla las horas extras.
  • El reciente mazazo final de la nueva Clasificación Profesional, que supone la flexibilidad funcional a discreción de la empresa para toda la plantilla, sin apenas restricciones ni garantías de empleo. Ni siquiera hay contrapartida salarial -salvo un exiguo 1,5% de subida para un único puesto de los 11 en que se convierten las más de 30 categorías anteriores- y carece de un adecuado, serio y completo Plan de Formación para asumir sin riesgos las nuevas actividades que puedan asignarse a cada puesto de trabajo.

La empresa enmascara su ineficaz gestión incrementando la presión sobre la plantilla -para que cumpla unos objetivos cada vez más utópicos en el laberinto económico actual- como si nos hiciera responsables de la disminución de ingresos, en lugar de a la crisis-estafa que reduce nuestros derechos laborales y ciudadanos y empobrece a nuestra potencial clientela. No serán las amenazas, malas formas y coacciones, ningún instrumento válido para fomentar el negocio pues, contrariamente, envilecen tanto las relaciones laborales como las comerciales.

Los elementos de supuesta protección y seguridad legal, como la inspección o los juzgados, tienen la primordial misión de preservar los privilegios del capital, constituyendo una herramienta inútil en la, más necesaria que nunca, transformación profunda del actual sistema que sólo garantiza la destrucción de los derechos conquistados.

Las medidas adoptadas hasta ahora en relación a la crisis, las reformas laborales y de pensiones, los recortes y privatizaciones, han demostrado su clara ineficacia y marcado carácter antisocial. Con los servicios públicos en deterioro acelerado, el PIB por los suelos y la población empobrecida pagando más impuestos, es hora de soluciones reales para atajar la sangría del paro. Ha llegado el momento de que Telefónica revierta sus beneficios en la sociedad de la que los obtiene, creando y manteniendo empleo de la calidad y en la cantidad necesarias.

La economía debe servir para cubrir las necesidades de las personas y no las del capital. Contraponemos la imperante necesidad de vivir dignamente ante la feroz avaricia de un mercado, ya tan libre que posee el absoluto control de la política de los estados, cuando esta es quien debiera acotar y condicionar las actividades económicas para que los efectos irracionales y destructivos del ‘beneficio por encima de todo’ -auténtico ADN del capitalismo actual- no destruya su razón de ser, la productora y consumidora población.


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